Extracto

 

Él dejó escapar un gruñido de frustración.
—¿Porque me quieres? —insinuó.
Jaine sonrió moviendo los labios contra la piel de él.
—Porque estoy loca, salvaje, perdida y absolutamente enamorada de ti —
afirmó.
—Nos casaremos la semana que viene.
—¡No puedo hacer eso! —exclamó Jaine horrorizada al tiempo que se echaba
hacia atrás para contemplarlo echarse sobre ella, moviéndose lentamente adelante y
atrás, adelante y atrás, como un alga flotando en la marea.
—¿Y por qué no?
—Porque mis padres no regresarán de las vacaciones hasta… He perdido la
cuenta de los días. Dentro de unas tres semanas, creo.
—¿No pueden regresar antes? ¿Dónde están, por cierto?
—De viaje por Europa. Son las vacaciones soñadas de mi madre, porque mi
padre tiene Parkinson y, aunque la medicación lo está ayudando de verdad, últimamente
ha empeorado un poco y ella tenía miedo de que ésta fuera su última oportunidad. Antes
de jubilarse, siempre estaba demasiado ocupado para marcharse durante una temporada
tan larga, por eso es un viaje especial para los dos, ¿sabes?
—Está bien, está bien. Nos casaremos el día siguiente de que vuelvan a casa.
—¡Mi madre ni siquiera habrá tenido tiempo de deshacer las maletas!
—Vaya. Como no vamos a comprometernos, no podemos hacer todo eso de la
boda en la iglesia…
—Gracias a Dios —repuso Jaine sinceramente. Había pasado por aquella
experiencia con el número dos, el muy cabrón, con todos los gastos, los preparativos y
las molestias, sólo para que él se retractara en el último minuto.
Sam exhaló un suspiro de alivio, pues temía que a ella le apeteciera una boda por
todo lo alto.
—Tendremos todo preparado. Lo único que tendrán que hacer tus padres es
asistir.
Jaine había estado realizando un enorme esfuerzo para concentrarse en la
conversación mientras Sam hacía… aquello que estaba haciendo, y estaba muy
impresionada de que él fuera capaz de mantener su parte de dicha conversación en
medio de aquellas circunstancias, pero el cuerpo de ella súbitamente alcanzó el punto de
no retorno. Lanzó una exclamación ahogada y alzó convulsivamente las caderas contra
él.
—¡Ya hablaremos después! —dijo con voz ronca, lo agarró del trasero y lo
atrajo hacia sí con fuerza.
Pero pasaron un buen rato sin hablar absolutamente de nada.

 

-El Hombre Perfecto, Linda Howard

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s